30 abril 2012

Ciudad futurista

Un buen rato sin escribir, no por que no quisiera... si no por que no había sueños que contar... ¿una sequía de sueños? puede ser... tal vez el estrés cotidiano de la ciudad limita cada vez más nuestra imaginación... incluso en los sueños...

Pero no esta vez...

Para no variar teníamos trabajo que hacer, una cobertura más, un lugar nuevo por conocer, pero nunca creí toparme con algo como aquello... parecía un parque de diversiones pero... futurista.

Llegamos, el viaje fue largo pero sin nada que resaltar, cambiamos las maletas de automóvil, un coche negro estaba a punto de adentrarnos a aquel extraño lugar, comenzó a avanzar.

Al principio, a pesar de tener una extraña sensación en mi cuerpo, todo era normal, una carretera recta, el cielo despejado, sin mucho movimiento en los alrededores, hasta que... ¿cómo decirlo? Bueno nos topamos con un puente peatonal.

Tal vez no suene extraordinario, en realidad no lo era, pero lo extraño es que aquel puente estaba de cabeza, y las personas en él caminaban como si nada... era irreal!! La gravedad tendría que haberlos tirado pero no, no se sostenían de ningún lado e incluso se sentaban en el barandal y no se les veía el más mínimo temor de caer al suelo.

Pasamos sin detenernos, al parecer para el chofer del auto negro aquel puente era algo cotidiano... ni siquiera lo miró y por su puesto continuó en silencio el resto del camino.

Por fin llegamos a lo que sería nuestro "hotel" dentro de aquél lugar que ahora que lo pienso bien pudo haber sido una ciudad en miniatura.

Nuestro cuarto era pequeño, no recuerdo nada más que el hecho de haber botado nuestras maletas para comenzar a trabajar. Bajamos al comedor, parecía una de esas cafeterías de escuelas gringas, con un buffette: molletes, gelatinas, baguels, sandwiches, nada que llamara mi atención.

No comimos, fuimos directo al área educativa, varios salones con pequeños dentro poniendo atención a una maestra, pupitres compartidos y silencio, fue extraño escuchar silencio en un aula. Pero ahora que lo recuerdo es que no había puertas, todos los salones estaban sobre un mismo pasillo pero ninguno tenía puerta.

Por fin llegamos a lo que se podría decir, era el centro de la ciudad, el lugar emblemático, cómo el Zócalo en la Ciudad de México, pero este parecía sacado de una película de ciencia ficción. No había cielo, era un mega domo con una estructura piramidal al centro, todo hecho en cristal, luces fluorecentes por todos lados, de alguna forma me recordó a la película Tron.

De cualquier manera no hicimos nada en aquél lugar más que admirarlo. De pronto recordé que debía regresar, al parecer debía cambiar de zapatos, no me pregunten por qué. Me dijeron que la forma más sencilla de hacerlo era en metro... vaya metro.

Mi jefa se ofreció a guiarme, según ella, ya había estado ahí y sabía cómo moverse, así que acepté la compañía. Llegamos a aquel "metro", no parecía metro en lo absoluto, era más bien como un elevador que te llevaba a todas partes. Si tenía estaciones donde bajarse pero las cabinas eran para máximo 10 personas y el que tomamos nosotros, estaba vacío.

Cada cabina tenía varias entradas o salidas, ninguno de los tripulantes debía ocupar la misma salida, de alguna manera al salir cada quien por una salida podías evitar el ser triturado... bastante peligroso para ser un medio de transporte.

Dimos muchas vueltas, aquel "metro" parecía algún juego loco de una feria, sólo daba vueltas en su propio eje y en realidad nunca sentí que avanzáramos. Pero entre tanto sangoloteo lo entendí, entendí por qué las personas en aquél puente no se caían y por qué no tenían miedo de hacerlo.

Quería explicarle mi teoría a mi jefa, pero ella sólo me hablaba para decir: sal en esta estación, claro por que cada que salías de una cabina, entrabas a otra, era como trasbordar.

Intenté decirle la razón de por qué la gente no caía, pero primero desperté de mi sueño. Nunca tuve la oportunidad de comentárselo. Tal vez al compartirlo, ella me daría la razón, pero ahora nunca lo sabré. Pero aún quiero decírselo a alguien, así que se los diré a quienes me han leído...

Las personas en aquél puente nunca estuvieron de cabeza, su suelo, que para mi era el cielo, era en realidad el suelo, no había cielo, así como en el centro de la ciudad, todo era un domo decorado, parecía que era el cielo, pero sólo estaba pintado de esa manera.

En el momento en que llegamos al coche negro que nos transportaría, todos nos pusimos el cinturón, y recuerdo aquella sensación... esa sensación no era otra cosa que la gravedad misma. Eramos nosotros quienes estábamos de cabeza. El coche, de alguna forma tal vez magnética, estaba pegado al techo y nos hizo creer que era el suelo. Siempre estuvimos de cabeza hasta llegar a nuestro cuarto... vaya ciudad futurista, me gustaría un día realmente toparme con ella.

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